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Casualidades de la vida esta es la publicación número 506 del blog pero el título no tiene nada que ver con esto (para que fuese redondo redondo tendría que haber sido la anterior de hecho). El 505 es un local semi clandestino donde se organizan conciertos de jazz a razón de dos por semana (lunes y miércoles).

Al ser semi clandestino no dejan publicar nada sobre el mismo ni decir dónde está pero dado el número de lectores que tiene el blog y que el 90% lo leen desde España voy a correr ese riesgo :).

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Pues bien, el local está en la parte sur de Sydney al lado de Central Station. Cuesta encontrarlo porque está en un antiguo warehouse cuyas plantas se usan para galerías de arte, etc. Lo “abandonado” y descuidado del edificio es lo que más encanto le da. La entrada está llena de grafittis al igual que el ascensor. Además el lunes pasado volvimos a ir y el ascensor estaba estropeado por lo que pudimos ver que cada pared del edificio está igual de pintada y taggeada, muy guapo.

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El lugar donde se dan los conciertos es una sala grande típica de este tipo de edificios en la que el público se sienta en el suelo en torno al grupo, que normalmente tiene un trato muy cercano con la gente. El precio siempre es el mismo, 10$ y además es BYO por lo que puedes traerte contigo unas cervecitas o una botella de vino para disfrutar del concierto.

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El otro día fuimos con Berta y Dani y el concierto resultó ser un tanto friki, una banda de piano, saxo soprano, contrabajo y xilófono interpretaba la banda sonora de una película de los años 30 a su manera. Tras el descanso ya tocaron algún tema más normal. ¡Una velada diferente pero interesante!

Kangaroo Island, día 3 y último

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El último día lo teníamos planeado para pasarlo de relax, con los principales highlights de la isla visitados durante los dos días anteriores queríamos dedicar este tercer día a conocer la parte norte y alguna de sus playas, pero con nada en concreto en mente.

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Lo primero que hicimos fue conducir hasta Kingsgote que es el pueblo más grande de Kangaroo Island. Allí repostamos y continuamos hacia la Bay of Shoals, una bonita bahía en la que la principal atracción era el gran número de pelícanos que por allí había.

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Aprovechando que íbamos sobrados de tiempo nos acercamos a una bodega (Bay of Shoals Winery) en la que hicimos una cata de vinos y nos enseñaron las instalaciones donde producen los caldos.

Después de esto nos dirigimos a Emu Bay donde pretendíamos hacer una barbacoa con la comida que nos había sobrado de la noche anterior. La playa era muy bonita pero las barbacoas no funcionaban así que tras preguntarle a un lugareño nos embarcamos en un camino de 30km por carreteras de tierra que nos llevó unos tres cuartos de hora. Al llegar a Stokes Bay pudimos comer y después visitar la playa, preciosa por cierto. Lástima que para entonces la batería de mi cámara hubiese muerto ya que Andrea y yo ascendimos la ladera que quedaba justo detras de la playa y las vistas desde allí eran preciosas.

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Desde ahí volvimos a Penneshaw y poco más tarde a Adelaide para a la madrugada siguiente tomar el vuelo de vuelta a Sydney. Un viaje más que se fue, habrá que centrarse en el siguiente!

Kangaroo Island, día 2

El segundo día de viaje iba a ser bastante completo por lo que queríamos empezarlo lo antes posible. Me levanté bastante temprano para hacer unas fotos de los alrededores de la casa y poco después nos dirigimos a Penneshaw para dar un paseo por el mercadillo del pueblo.

Dicho mercadillo resultó consistir en cuatro puestecillos en los que vendían productos típicos de la zona. Yo me compré unos tarritos de miel ya que había oído que era una de las especialidades de la isla. Lo cierto es que no defraudó.

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Una vez habíamos hecho todas las compras de rigor nos pusimos en marcha para empezar lo gordo del día. La primera parada era más o menos a una hora al oeste de Penneshaw para visitar las cuevas de Kelly Hill. Lo cierto es que las cuevas en sí no eran nada del otro mundo, el tour que hicimos duró unos 20 minutos en los que te llevan por las cámaras de más fácil acceso. Lo interesante habría sido hacer el adventure caving tour en el que te llevaban por toda la cueva con la ayuda de tan solo una linterna.

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Tras las cuevas llegaba el turno del Flinders Chase National Park, uno de los principales highlights del viaje. Allí primero nos dirigimos al Admirals Arch, una roca en forma de arco bajo la cual vive una colonia de focas (New Zealand Fur Seals). La imagen es preciosa pero la experiencia no lo es tanto… Me explico, estos animales viven allí, hacen allí su vida completa lo que implica que el lugar huele que apesta, pero es un pequeño precio que hay que pagar.

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La última parada del día antes de volver a Penneshaw eran las Remarkable Rocks, también en Flinders Chase. Se trata de unas rocas con una forma muy peculiar que se formaron al erosionarse la ladera sobre la que se asientan. La más famosa es la Eagle Rock que parece el pico de un águila.

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Desde allí ya emprendimos el camino de vuelta a Penneshaw para tratar de ver pingüinos antes de volver a casa. Llegamos un poco más tarde de que empezase el penúltimo tour guiado pero aún así logramos ver a alguno. Los que estábamos demasiado cansados y satisfechos con los 3 pingüinos que vimos nos volvimos a casa pero las más aventureras aguantaron hasta la siguiente visita guiada para poder disfrutar plenamente de los little penguins.

Kangaroo Island, día 1

Aprovechando la visita de Dido y Héctor decidimos que una buena forma de hacer que se metiesen de lleno en Australia sería llevándolos a Kangaroo Island, lugar que teníamos ganas de conocer desde hacía mucho tiempo. El plan era estar en la isla tres días. Aquí va la crónica del primero de ellos.

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Habíamos volado la noche anterior a Adelaida en un avión de mala muerte de la archi-lowcost Tiger Airways. Tras pasar la noche en un albergue de la capital de South Australia emprendimos el camino bien temprano hacia Cape Jervis donde tomaríamos el ferry a la isla.

Una vez en la isla nos dirigimos a la casa que nos acogería situada a 5 minutos de Penneshaw, lugar en el que nos dejaba el Ferry. En la casa nos esperaba el gran Stack, todo un anfitrión. El alojamiento era una pasada, una típica casa antigua llena de decoración de época, y con el gran aliciente de la chimenea que Stack nos dejaba cada día encendida para resguardarnos del frío de la noche.

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Una vez hecha la vuelta de reconocimiento a la casa y dejadas las mochilas en la misma salimos sin tiempo que perder hacia Seal Bay, una playa famosa por la comunidad de leones marinos que viven en ella. Pagamos por el tour y una guía nos acompañó explicándonos todo acerca de estos animales.

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La playa estaba llena de leones marinos y nos recreamos tirándoles más de cien fotos y caminando entre ellos. Pudimos ver a alguna cría aprendiendo a nadar cerca de la orilla.

Desde allí salimos hacia Little Sahara, una formación de dunas que se encuentran en medio de la isla al más puro estilo de un desierto. El gran aliciente allí es alquilar unas tablas y hacer sandboarding pero como la arena estaba húmeda por las lluvias del día anterior no pudimos probar y nos conformamos con caminar por las dunas.

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La siguiente parada era Vivonne Bay, una playa al oeste de Seal Bay que las guías describían como una de las más bonitas de la isla. Y lo cierto es que no defraudó, tras unos kilómetros de camino de tierra llegamos a una playa casi virgen con una arena que recordaba a la plastilina y salpicada de peces muertos dejados por las focas.

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Para terminar el día queríamos ir al Koala Walk ya que muchos de los compañeros de viaje aún no habían tenido oportunidad de ver ningún koala. Pudimos ver bastantes pero todos ellos a gran distancia del suelo a diferencia de en la Great Ocean Road. Para mi el mayor aliciente del sitio fue poder ver kanguros de un tamaño más que respetable, de esos que te pones a su lado y les puedes hablar cara a cara.

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Tras el agotador día emprendimos el camino de vuelta y al llegar a casa Chris nos preparó unas deliciosas pizzas caseras que disfrutamos al calor de la chimenea.

Creative Commons

Sydney from the north

Hace un tiempo que comencé a publicar mis fotos en Flickr bajo licencia Creative Commons. ¿Qué significa esto? Pues que cualquiera puede acceder a la web, coger una de mis fotos y publicarla donde desee siempre y cuando no la modifique y me mencione como autor de la misma. Creo que es una gran forma de contribuir y de dar a conocer tu trabajo al resto del mundo, ventajas de Internet ¿no?

¿A qué viene todo esto? Pues como diría Juancar, me llena de orgullo y satisfacción comunicar que hace un par de meses la foto que acompaña a este post fue seleccionada entre otras muchas para formar parte de una guía online sobre Sydney. Dicha guía se puede consultar en el siguiente enlace (acceso directo a donde sale la foto).

Será una chorrada pero cosas como esta son las que te animan a seguir practicando e intentando superarte día a día. Qué tiemble el Pulitzer xD.

¡Pelea de canguros!

El otro día en Featherdale tuvimos la suerte de presenciar en primera persona uno de esos acontecimientos tan curiosos que son las peleas de canguros. El espectáculo lo protagonizaron dos jóvenes wallabies que primero zarandearon con los puños, después se quedaron agarrados uno al otro y por último se sacudieron de patadas.

He aquí una secuencia de instantáneas del suceso.

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¡Tela marinera, oigan!

Featherdale Wildlife Park

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Parece que últimamente nos ha dado la vena de los animalillos y si el otro día fuimos al zoo el pasado domingo lo habíamos reservado para ir al Featherdale Wildlife Park. El parque en cuestión, situado en el pueblo de Blacktown a unos 35 kilómetros de Sydney tiene una colección privada de animales australianos que en el caso de los canguros, wallabies, etc. campan a sus anchas por el recinto conviviendo en espacio con el visitante humano.

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Puedes alimentar a los canguros, hacerte fotos con los koalas, tocar a los wombats… Por lo demás podríamos decir que es un zoo como otro cualquiera pero especializado en la fauna autóctona.

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En principio teníamos pensado pasar el día allí y nos llevamos todo el picnic para estar de diez a cinco de la tarde que cerrasen. Cuando ya habíamos visto todo nos dimos cuenta de que apenas eran las doce del mediodía por lo que decidimos aprovechar el veraniego día y pasar la tarde en Manly y Balmoral.

Os dejo con algunas fotos de animales del parque. Tenéis más en el set de Flickr.

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Uno de los emúes que campaban a sus anchas entre la gente.

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Este murciélago no paraba de seguirme con la mirada, parecía como si me suplicase que le sacara de su prisión y le llevase conmigo al Domain.

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El cassowary, el ave australiano más pesado. Su ataque puede resultar mortal para el ser humano, bien sea por que te clave su cresta en el pecho o porque te raje el cuello o la tripa con su afiladísima uña del dedo medio.

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El echidna es otro de los animáles típicos del país austral, es como un erizo con pico de pato.

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Además también pudimos ver algunas rarezas como estos wallaroos albinos o el pavo real también albino de la imagen inferior.

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Taronga Zoo

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Parece mentira pero tras llevar casi diez meses viviendo en Sydney aún hay actividades de las que podríamos denominar ‘must turísticos’ que no hemos hecho. Uno de ellos era la visita al zoo, que aprovechando las recientes visitas de amigos y familiares nos animamos a hacer aunque en dos grupos, primero Andrea fue con Alèxia y Miriam y una semana después yo hice lo propio con Pablo, Cris, Ángel y Laura.

El zoo de Sydney no sólo es especial por la gran cantidad de animales tanto australianos como del mundo que posee sino que también lo es por la localización en la que se encuentra, en plena bahía con vistas al centro de la ciudad como se puede apreciar en la imagen que abre el post. Para llegar al mismo se hace un bonito viaje en ferry en el que se van dejando atrás la Opera House y el Harbour Bridge. Además una vez llegado al embarcadero la forma de llegar a la puerta del zoo es usando un teleférico que te lleva por encima del mismo viendo a elefántes, girafas, canguros, etc.

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En cuanto al zoo en sí me sorprendió muy gratamente dado que mi última visita a uno había sido en Barcelona donde me pareció bastante cutre. Aquí la colección de animales es impresionante, he visto animales que no había visto en ningún otro sitio, por ejemplo:

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El Dragón de Comodo que es el lagarto más grande del mundo. Alucinante el tamaño que tiene este bicharraco y la lengua que saca, es para verlo en persona…

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El Panda Rojo, del cuál ni conocía su existencia y me dejó enamorado, sin duda se ha ganado un puesto en el top 5 de mis animales favoritos junto con el koala o el suricato por ejemplo. No pude evitar verle una similitud con los pokémon…

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La tortuga estrella y su original caparazón.

En fin, una visita muy recomendable para todos los que os paséis por Sydney!

Vuelta a las Whitsundays

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Con motivo de la visita de Pablo, Cris, Angel, Laura, Alèxia y Miriam organizamos un nuevo viaje a las islas Whitsunday esta vez en temporada seca para que las lluvias no nos lo arruinasen. El plan en esta ocasión fue distinto a la anterior, un viaje en velero de dos días y dos noches con lo que podríamos experimentar de primera mano lo que es la vida a bordo de una de estas embarcaciones.

El primer día no dio tiempo a gran cosa ya que embarcamos a eso de las dos de la tarde y allí se hace de noche muy pronto con lo que tras las instrucciones acerca de como llevar una buena convivencia en el barco algunos ayudaron a levantar las velas y nos pusimos a navegar rumbo al sitio donde pasaríamos la primera noche, tras la mítica Whithaven Beach, una de las playas con arenas más puras del mundo. Tanto es así que los únicos que están autorizados a llevarse arena de la misma es la NASA quien la utiliza para la elaboración de las lentes de sus telescopios.

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Al día siguiente nos despertamos y desayunamos con la compañía de algunas tortugas gigantes que se asomaban a la superficie para respirar, una imagen espectacular. Tras el desayuno nos llevaron por fin a Whithaven Beach, visita que teníamos pendiente desde que en nuestro anterior viaje debido a la mala mar no pudiésemos llegar a la misma. Creo que no hace falta explicar nada, las imágenes hablan por sí mismas.

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Allí pudimos caminar por el agua entre rayas y tiburones de arena, también una experiencia impresionante. Lástima no contar con nuestra equipación de snorkel allí para poder haber visto a estos bichos por debajo del agua en vez de desde la superficie.

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Por la tarde nos llevaron ya a hacer snorkel en uno de los arrecifes de coral de la zona y, aunque estuvo mejor que la primera vez que fuimos a las islas nada comparable con lo que pudimos ver en Cairns. Esta vez no teníamos cámara sumergible por lo que os quedáis sin fotos del coral… A la tarde pusimos rumbo a la playa en la que habíamos hecho buceo en el primer viaje. De camino unos delfines se nos unieron y nadaron junto a nosotros para nuestro deleite. Una vez en la playa pudimos disfrutar de la puesta de sol comiendo unos nachos y tomando unas cervecitas. Con eso concluimos el segundo día.

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El último día nos despertamos temprano para bajar a bucear a las 7.45 de la mañana. El neopreno aún estaba mojado del día anterior por lo que pasamos un pelín de frío hasta que nos sumergimos. Eso sí después las aguas a 27º nos acogieron gustosamente para que pudiésemos disfrutar de un paseo sobre el coral.

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Una vez de vuelta al barco alzamos las velas y nos pusimos a navegar a velocidad de crucero hacia el puerto de Airlie Beach donde concluyó nuestro viaje. Esta vez sí que podemos decir con la cabeza bien alta que hemos estado en Whitsundays y que hemos tenido el pack completo