Melbourne

A finales de mayo decidimos que era un buen momento para hacer nuestra primera visita a Melbourne. Realmente ya teníamos ganas de conocer la ciudad pero estas eran las fechas que mejor nos venían para poder hacer coincidir la visita con uno de los espectáculos del Cirque du Soleil, Dralion.

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Melbourne me pareció una ciudad con mucho encanto, llena de esculturas, con callejuelas pequeñitas plagadas de terrazas abarrotadas de gente, grafittis en las paredes, tranvía, taxis amarillos, no sé, pequeños detalles que hacen de la ciudad muy acogedora.

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El primer día paseamos por el centro durante toda la mañana conociéndolo al detalle hasta que fue la hora de asistir a la función del circo. De la función qué decir, era la primera vez que veía un espectáculo del Cirque du Soleil y la verdad es que me dejó alucinando. Me parece increíble que personas humanas puedan llegar a hacer tal tipo de cosas con tanta coordinación y sin errores… Imagino que no tendrán vida más allá del espectáculo y los ensayos.

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Por la tarde nos dedicamos a recorrer el barrio de Fitzroy, el barrio alternativo de Melbourne. La verdad es que era una pasada poder caminar por la calle más allá de las 6 de la tarde y ver tiendas abiertas. Y qué tiendas, alternativas al máximo, tan vintage que tenían hasta el olor a viejuno que hace que no quieras comprar ni una sola prenda de las que albergan… Yo al final me compré una camiseta de Homer Simpson.

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Al día siguiente fuimos al barrio de St Kilda, donde se encuentra la «Bondi Beach» de Melbourne, aunque cualquier parecido con la misma es pura coincidencia. La playa en cuestión es bastante artificial y bien me recordaba a la Barceloneta, en la que no te dan ganas de bañarte ni aunque haga cuarenta grados. Eso sí, el barrio en sí bastante bonito para darse un paseo pero para vivir nada como nuestro amado Bondi Beach.

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Por la noche volvimos a Fitzroy a que las chicas terminasen sus compras y después paseamos por la zona donde encontramos el Melbourne Museum en los Carlton Gardens donde encontramos una cantidad enorme de possums que viven en sus árboles.

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A ver cuándo volvemos para conocer la ciudad con más detalle y hacer algo de vida cultural por sus museos.

Imágenes de la selva

De nuestro viaje al norte más remoto de Queensland (Far North Queensland que le llaman los aussies) además de visitar la barrera de coral dedicamos dos días a hacer sendas excursiones a la selva. No voy a explicarlas porque ya Andrea lo ha hecho en detalle así que si os interesan los pormenores de cada excursión podéis echar un vistazo a sus artículos sobre Kuranda y Cape Tribulation.

Lo que pretendo aquí es hacer una recopilación de alguna de las capturas que hice a lo largo de los dos días para que podáis tener una idea de la belleza de los parajes que visitamos.

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La selva se lo come todo…

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…y se extiende hasta donde alcanza la vista

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Hmmm, ¿Habrá cocodrilos por ahí abajo?

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Kuranda, un peculiar pueblo en medio de la selva.

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Andrea cautivada por los rápidos del río en Mossman Gorge.

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Un ejemplo claro de rainforest, la palabra que los australianos usan para referirse a la selva.

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Este simpático cangrejo de barro nos acompañó hasta que el barco que nos llevaba por Cape Tribulation zarpó.

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En australia el rey de la selva no es el león… En efecto, no se trata de un zoo, es un animal salvaje en su hábitat natural.

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Rainforest, ¡allá vamos!

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Las playas de la zona son increíbles, la frondosa vegetación llega justo hasta la arena. Lástima que debido a los múltiples bichos mortales que habitan las aguas el baño no esté recomendado…

Nadando entre corales

La semana pasada me hice el firme propósito de volver a las andadas y comenzar a actualizar el blog que creo que atraviesa el peor momento de sus más de 4 años de vida. Nuevamente fallé en mi propósito esta vez por recibir un aluvión de trabajo en la oficina. Parece que esta temporada ya sí que me va a tocar trabajar de verdad… De todas formas voy a intentar sacar 10 o 15 minutos cada día para poder poner al día el blog. Empecemos por la experiencia coralina de Cairns.

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Se trataba de la segunda ocasión en la que nos íbamos a sumergir en el mar de coral, la primera fue en la época de lluvias en Whitsunday Islands por lo que el tiempo no acompañó en absoluto. El parte meteorológico no era muy esperanzador pero a medida que fuimos dejando la costa la cosa se iba poniendo cada vez mejor.

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El barco nos llevó a una plataforma que la compañía que lo regentaba (Quicksilver) tiene en la parte más externa de la barrera de coral. En total casi una hora de viaje en catamarán para llegar y zambullirse en las cálidas aguas del Coral Sea.

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Al principio me quedé por las inmediaciones de la plataforma con mis padres y mi hermana viendo los corales y múltiples especies de peces que por allí había. Aunque era precioso el coral estaba un tanto lejano y no se veía en todo su esplendor.

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Sin embargo en la segunda inmersión María y yo nos fuimos con Andrea a unos cuantos metros de la plataforma donde el coral estaba a tan poca profundidad que había que tener mucho cuidado para no golpearlo y estropearlo. Bucear entre tantos tipos de corales y de peces todos ellos a tan poca distancia es una experiencia increíble. Tanto es así que después de comer volvimos de nuevo para hacer otro repaso por la misma zona hasta completar casi 3 horas bajo el agua.

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Gracias a Andrea y su padre que alquilaron una cámara sumergible pudimos llevarnos un montón de fotos de recuerdo de la experiencia (las que ilustran este post solo son un breve ejemplo). Creo que en cuanto podamos repetiremos aunque la prioridad será volver a Whitsundays con buen tiempo!

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Mala Puta

Bueno, como lo prometido es deuda, aquí va el segundo post de «Carteles aborígenes curiosos» que le dedico al señor BorrajaX.

Cartel indicativo de Mala Puta

Resulta que en Uluru existe un sitio sagrado, concretamente el sitio sagrado de las mujeres Anangu, que es la tribu aborigen que por allá habita, llamado Mala Puta. Así, tal cual, con la misma ortografía, mismas palabras y, supongo, misma entonación.

Llama la atención que hace un porrón de miles de años cuando los aborígenes ya poblaban estas tierras y el castellano probablemente ni existía, a un puñado de indígenas les dio por llamar a su sitio sagrado de una forma tan peculiar.

Señal de Mala Puta

Como un servidor es muy educado y obediente no podréis ver Mala Puta ya que estaba prohibido fotografiarloa, pero os aseguro que lo más interesante eran los carteles 😀

Viaje al desierto (segunda parte)

Para terminar de relatar el viaje al desierto hoy voy a contaros la última parte del mismo, la parte en la que me quedé sin batería en la cámara por lo que las imágenes que documentan este post han sido amablemente cedidas por Andrea.

El último día que teníamos para pasar completo estaba dedicado a Kings Canyon, a unas dos horas en coche del camping de Uluru donde nos habíamos alojado las dos primeras noches. Así pues, tras pegarnos otro madrugón nos pusimos en marcha hacia el susodicho cañón. Al llegar fuimos directamente a la montaña ya que no queríamos coger el momento de más calor del día para hacer la caminata, de 6 kilómetros esta a lo largo de todo el cañón.

En Kings Canyon

Por mucho que lo intentamos llegamos de todas formas a una hora en la que el sol ya era de justicia y se rozaban los 40ºC. Esto sumado a la escasez de zonas a la sombra y a lo abrupto del terreno hicieron que la excursión fuese bastante dura, pero las vistas con las que la montaña nos recompensaba hacían que todo mereciera la pena.

Yo en Kings Canyon

Tras unas dos horas de subir, bajar, recorrer la montaña por arriba, bordear el cañón y beber mucha agua llegamos de nuevo al coche donde una vez más nos esperaba una botella de cocacola semi granizada que nos devolvió la vida. Una vez llegado todo el mundo al punto de encuentro pusimos rumpo al camping donde nos esperaba una buena barbacoa y una sesión de piscina.

A última hora nos fuimos con los coches a ver la puesta de sol a un lugar apartado del camping y una vez se hizo de noche intentamos buscar algún animalillo por las inmediaciones ya que muchos de nuestros acompañantes aún no habían visto canguros. Tras media hora de búsqueda infructuosa decidimos volver al camping. Cuál sería nuestra sorpresa al comprobar que allí dentro del camping por entre las tiendas de campaña un dingo se paseaba en busca de algo que llevarse al estómago. El encuentro no tuvo mayores consecuencias, de hecho Olimpio persiguió al animal para tirarle alguna foto y este lejos de atacar pasaba del tema y huía.

Al día siguiente nos levantamos a las 4.30am para poder llegar a Alice Springs holgados para coger el vuelo sin problemas. Una vez habíamos recogido todo, incautos de nosotros, nos dimos cuenta de que no habíamos llenado el depósito de combustible el día anterior, por lo que tuvimos que esperar a las 7 a que abriera la gasolinera (la siguiente estaba a más de 200km). Pese a todo llegamos al avión perfectamente y pudimos disfrutar de una de las mejores cosas del viaje: la conducción por el desierto de verdad.

Conduciendo por el desierto

Resulta que la forma más corta de llegar desde Kings Canyon a Alice Springs era por un camino no asfaltado, apto para 4×4, así que allá que nos metimos con nuestros todoterrenos sorteando canguros, camellos y de todo. En ese momento realmente sentimos que estábamos en el desierto y en medio de la nada ya que en los 100km de camino sin asfalto no se veían ni casas ni rastros de civilización. Tan solo alguna señal de vez en cuando que te recordaba que no te pasases de 110Km/h.

Más conducción off-road

Viaje al desierto (Primera parte)

El jueves pasado iniciábamos uno de los grandes viajes de Australia: la experiencia del outback para visitar el Uluru, las Olgas y el Kings Canyon. Salimos en un vuelo matutino hacia Alice Springs donde cogimos nuestros 4×4, hicimos la compra y nos lanzamos raudos y veloces a conducir a través del desierto con el objetivo de llegar a Uluru para la puesta de sol.

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Por el camino hicimos un par de paradas para repostar en la gasolinera de Mt. Ebenezer y para admirar Mt. Conner, la primera formación rocosa importante y a la que más de uno confundió con el mismísimo Uluru.

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Finalmente conseguimos llegar a Uluru justo a tiempo para la puesta de sol. La primera vez que ves la roca te das cuenta de lo realmente enorme que es y alucinas al pensar que lo que se ve es tan solo la punta del iceberg ya que la mayor parte de la misma está enterrada bajo las rojas arenas del desierto. La puesta de sol es espectacular, la piedra va cambiando de color con el paso de los minutos desde rojo a marrón oscuro pasando por distintas tonalidades de naranja.

Uluru

Una vez anocheció nos dirigimos al camping a establecer nuestro campamento base para las dos siguientes noches. Ante lo espectacular del cielo del desierto por la noche Andrea y yo decidimos subirnos dos colchonetas, almohadas y sacos de dormir al techo del 4×4 el cuál estaba adaptado para portar equipaje. Así bajo millones de estrellas y al raso pasamos la noche que nos recompensó con temperaturas de lo más agradable y una tranquilidad envidiable.

Nos despertamos a las 4.30 para llegar a tiempo a presenciar el amanecer en el Uluru. Nuevamente espectacular, un procedimiento similar al del día anterior pero a la inversa. El momento en el que el sol realmente asoma es increíble con la roca adquiriendo unas tonalidades naranja alucinantes.

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Tras el amanecer encendimos el camping gas y nos hicimos un buen desayuno ya que se presentaba un día largo. Para empezar hicimos el track que rodea la gran roca. Unos 9km por los que se pasa por cavidades en la piedra, lugares sagrados, pinturas rupestres aboriginales, etc… Todo bajo la atenta mirada de un sol de justicia y de cientos de moscas que luchan por un sitio en tu cara. Suerte que nos compramos unas redecillas protectoras super fashion.

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Cuando terminamos de dar toda la vuelta nos dirigimos a las Olgas, donde realizaríamos el segundo track del día, no sin antes parar a comer y a contemplar estas maravillosas montañas desde la lejanía.

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Os aconsejo que veáis estas panorámicas en tamaño original haciendo click sobre ellas para que os hagáis una idea objetiva de lo espectaculares que eran las vistas.

The Olgas

Después de comer nos queríamos aventurar a hacer el track del Valley of the Wind (7,4 km caminando por las Olgas) pero al llegar allí vimos que debido a las altas temperaturas estaba cerrado a partir del primer lookout. De todas formas decidimos llegar hasta allí, y una vez en él decidimos saltarnos la prohibición, eso sí aprovisionándonos de buenas cantidades de agua, y caminar hasta el segundo lookout. Las vistas desde allí eran alucinantes.

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Una vez en el segundo lookout consideramos que no debía de quedar mucho para llegar a la mitad del recorrido por lo que daría igual volver por un sitio que por el otro, así que Andrea y yo nos aventuramos a cerrar el circuito y completar así los 7.4km. Los paisajes eran increíbles pero allí la batería de mi cámara murió y no me había traído cargador, así que me quedé sin hacer fotos por el resto del viaje.

Al volver al coche nos esperaba una botella de Coca Cola fría y la piscina del camping así que para allá que nos fuimos a disfrutar del merecido descanso.

De viaje a las Whitsunday Islands

Hoy nos iniciamos en un viaje relámpago (como viene siendo habitual) a las Whitsunday Islands, límite sur de la barrera de coral. Lo ideal sería poder disponer de dos o tres días reales para estar en las islas y reservar un viaje en un velero haciendo dos noches en él. Como nuestros días de vacaciones son demasiado limitados nos tendremos que conformar con un crucero de un día (sin hacer noche) durante el sábado.

Whitehaven Beach. Source: Wikipedia
Foto Wikipedia

El itinerario será la playa de Whitehaven Beach, clasificada como una de las diez mejores del mundo, Hamilton Island y parada para hacer buceo (solo con snorkel) e intentar ver un poco de vida marina. Más información del viaje a la vuelta en las fuentes habituales (aquí o en el blog de Andrea indiferentemente).

Animalitos en Tasmania

Una mezcla de tener algo que hacer en el trabajo, tardes más ocupadas de lo normal y vagancia, en proporciones de 25%, 37.2% y 37.8% respectivamente me han mantenido sin actualizar el blog durante el período más largo desde que llegamos a Australia, hasta el punto de que mi señora madre me haya tenido que llamar la atención porque «no pongo nada». Pues bueno, hoy que la cosa está más tranquila voy a intentar retomar las cosas donde las dejamos, en el viaje a Tasmania.

Como Andrea ya contó al detalle el viaje en su día, me voy a centrar en uno de los aspectos que más me llamaron la atención, la fauna que pudimos observar durante el viaje, de lo más variada que hemos visto hasta ahora. Cuando uno se entera de que en Tasmania no hay ni canguros ni koalas a priori puede pensar «pues vaya chufa, bueno, al menos veremos diablos de Tasmania, porque por eso se conoce a la isla no?». Después te enteras de que el diablo de Tasmania está en grave peligro de extinción y que es prácticamente imposible encontrarse uno, y mejor por otra parte oye, que un animal agresivo cuya mandíbula es tres veces más potente que la de un pitbull no es el tipo de bicho que a uno le gustaría encontrarse en medio de un bosque.

Pero lo cierto es que Tasmania tiene muchas otras especies de animales a priori desconocidas o que no te esperas encontrar así como así y que cuando lo haces te quedas con la boca abierta. A continuación os dejo con las mejores fotos de las especies que de una u otra forma pudimos disfrutar en la «isla del sur».

Empezamos con los wallabies que son como canguros pero en pequeñito. Son muy simpáticos aunque alguna especie se parece a una rata gigante y da un poco de asquete. De todas formas pongo las fotos de los bonitos.

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Otro de los marsupiales menos conocidos es el wombat. A caballo entre un cerdo y un oso es una animal muy simpático y entrañable. Durante la tarde del día que pasamos en el Cradle Mountain National Park vimos unos cinco, de los cuales el único que no vimos desde el coche es el que os pongo aquí debajo.

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Por último, y lo que menos me esperaba que iba a poder ver en este viaje fueron los pinguinos. Después de la decepción de no poder ver pinguinos en Nueva Zelanda había perdido un poco la esperanza por aquello de estar en pleno verano y que los pinguinos habrían emigrado a tierras más gélidas, pero parece que Tasmania estaba lo suficientemente al sur para poder ver unos cuantos en el pueblo de Bicheno. Tuvimos que esperar a que se hiciese de noche para que saliesen pero mereció la pena.

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Por último y para saciar a los curiosos, sí, vimos un diablo de Tasmania. El único pero es que estaba en unas condiciones un poco indeseables…

Dead Tasmanian Devil

Se ve que es frecuente que salgan a la carretera para comerse a los possums que han sido atropellados por algún coche. Una presa fácil que a veces resulta en el diablo teniendo el mismo final…

Nos vamos a Tasmania

En unas horas iniciaremos el viaje que nos llevará al punto más al sur de Australia en el que habremos estado, Tasmania. Volaremos a Launceston donde haremos noche para mañana salir rápidamente hacia el Cradle Mountain National Park donde visitaremos las inmediaciones del Dove Lake y haremos todas las rutas que podamos.

Al caer la tarde nos dirigiremos a Delorraine donde haremos noche antes de salir a visitar el Freycinet National Park (que no Freixenet!) donde encontraremos Wine Glass Bay, la que dicen es una de las 10 mejores playas del mundo. Esperemos que los tiburones blancos y el tiempo nos dejen darnos un bañito.

El último día lo dedicaremos a Hobart y sus alrededores. Tal vez podamos bajar hasta Port Arthur, una de las famosas cárceles a las que los británicos traían a sus convictos.

El lunes (Día de Australia) estaremos de vuelta por la tarde, justo a tiempo para dirigirnos a Darling Harbour a disfrutar de los fuegos artificiales!

Navidades australianas

Lo primero de todo desearos feliz año a todos los que no lo haya hecho ya personalmente. Después del parón navideño voy a intentar retomar el transcurso normal del blog y para comenzar os narraré lo que hicimos en navidades.

El viaje de Navidad en mi caso tuvo tres paradas: Brisbane, Noosa y Fraser Island. Llegamos a Brisbane un martes por la noche y tomamos el último autobús con destino a Noosa. Cuando nos dejó en casa yo me fui casi directo a la cama para descansar y prepararme para el largo día que se me avecinaba.

Conduciendo el mega Toyota Landcruiser

Puesto que Fraser Island es una isla completamente de arena, tan solo está permitida la entrada en ella con un 4×4. Al final como siempre se nos echó el tiempo encima y no nos dimos cuenta de que una horda de australianos elegiría Fraser Island como destino de sus vacaciones. Como resultado estaba imposible encontrar todoterrenos por las inmediaciones de la isla. Así pues me bajé a Brisbane a buscar el coche que habíamos alquilado, y como Andrea y Ana llegaban esa misma tarde aproveché para darme una vuelta y tener un primer acercamiento a la capital de Queensland.

Vista del río de Brisbane

Me dediqué a hacer el recorrido a pie que recomedaba la Lonely Planet sofocado bajo un sol de treinta y pico grados, curioso clima de Nochebuena. Lo que más me llamó la atención fue ver lo entremezclados que tienen los edificios históricos con los rascacielos. Tan pronto estás paseando entre edificios ultramodernos como te encuentras con una iglesia del siglo XVIII «acongojada» entre tanto grandullón. Era prácticamente imposible hacer fotos a edificios antiguos sin que saliesen vestigios de rascacielos.

La catedral de Brisbane cercada por rascacielos

De todas formas tengo que decir que me gustó bastante. Como Sydney el centro es bastante manejable y enseguida te haces a él, no hay forma de perderse. De todas formas Sydney sigue ocupando la cabeza de mi ranking personal de ciudades australianas (creo que de perderla solo podrá ser frente a Melbourne).

Cuando llegó la hora las fui a buscar y pusimos rumbo al resort de Noosa. De nuestros días en Noosa poco que contar, una copiosa cena de Nochebuena, barbacoa de Navidad, piscina, piscina, jacuzzi, piscina, playa, piscina, jacuzzi, … Vamos, mucho stress. Si queréis saber más os remito al post de Andrea.

Pasandolo mal en Noosa

Después de Noosa venía lo auténtico, lo que llevábamos meses esperando, la aventura de vivir un fin de semana en Fraser Island con nuestro 4×4 y nuestras tiendas de campaña.

Vista de la 74 Miles Beach Highway

Llegamos el viernes por la tarde y nada más llegar ya nos lanzamos a recorrer parte de la autovía de 74 millas de la playa. Toda una experiencia llevar el coche por la arena de la playa, pero lo mejor estaba por llegar, tras alcanzar el pueblo de Eurong y comer allí emprendimos el camino al Lake Mackenzie donde pretendíamos pasar la noche. Los caminos del interior de Fraser Island son carriles por los que la mayor parte del tiempo solo cabe un coche y están llenos de baches y pozos. Vamos, lo que vienen siendo rutas de 4×4.

Un 4x4 que se ha quedado encallado es observado por nosotros antes de proceder a su ayuda

Tras llevar más de una hora intentando llegar al Lake Mackenzie descubrimos que aún estábamos a medio camino, y lo que es peor, que allí no se podía acampar. Así que ahí estábamos en el medio de una isla infestada de dingos, serpientes y arañas sin un sitio donde dormir y con la noche acechando. Ante tal panorama decidimos que lo mejor era darnos la vuelta y ahí empezaron los problemas. El camino de vuelta era cuesta arriba y enseguida el coche decidió encallar y no andar hacia adelante en ninguna de las configuraciones de tracción del coche. Un amable holandés nos explicó que para conducir sobre arena deberíamos haber deshinchado las ruedas considerablemente. Tras hacerlo y ver que el coche no subía decidimos volver a bajar y él mismo nos condujo al camping más cercano por un camino más fácil aunque en sentido contrario.

Tras pasar la noche nos dimos cuenta del error cometido el día anterior y con un mejor conocimiento de cómo funcionaba nuestro 4×4 nos pusimos en marcha hacia el lago Mackenzie. Este lago es el highlight de la isla con sus arenas blancas y sus aguas cristalinas, es como estar en el paraíso (o en Benidorm si en lugar de caminar hacia algún lugar un poco más recogido te quedas en el punto donde desemboca el camino y todos los turistas se quedan apelotonados). Allí estuvimos bañándonos un buen rato antes de emprender el camino al norte por la 74 Mile Beach Highway.

En el Lake Mackenzie

El camino al norte está lleno de cosas que ver, desde Eli Creek, un pequeño río al que se accede por una pasarela de madera que en su punto final te permite bajar al mismo y volver a la playa caminando por él mismo,

Eli Creek

Maheno Wreck que son los restos de un barco que encalló en las arenas de Fraser Island hace unos años y ahí lo han dejado como una atracción más. Se trata de un barco de principios de siglo XX que se perdió en una tempestad cuando lo remolcaban para sacarlo de circulación. Unos días después apareció en Fraser y ahí se quedó.

Maheno Wreck

Maheno Wreck

El punto más al norte al que llegamos fue Indian Head, una gran roca a la que se puede subir y desde ella mirando al mar es posible ver bastante vida marina. Nosotros en un cuarto de hora que estuvimos allí pudimos ver una manta raya, una pequeña tortuga y un tiburón. (Sí, se me había olvidado mencionar que está totalmente prohibido bañarse en las playas de Fraser Island por la cantidad de bichos que hay, aunque la gente es una temeraria y no hace ni caso…)

Tiburón visto desde Indian Head

Después de Indian Head decidimos buscar un sitio para dormir y nos acabamos metiendo de estrangis en el primer camping que encontramos, en el que nos aseguraron que no quedaban sitios libres pero ¿desde cuándo eso fue un problema?

En el camping improvisado

A la mañana siguiente teníamos nuestras últimas horas en la isla y al bajar a la playa y ver que la marea estaba alta tuvimos que iniciar el descenso por la parte de arena blanda lo que disparó nuestro consumo de gasolina y nos hizo tener que cambiar de planes. Al ser Eurong el único punto de la isla en el que quedaba gasolina sin plomo tuvimos que bajar directamente hacia el sur por un terreno bastante chungo. Debido a este contratiempo tuvimos que decir adiós a nuestro plan de visitar el lago de las tortugas pero como contrapartida nos fuimos al lago Wabie, un sitio precioso custodiado por una gran duna que abría el paso a un paisaje de arena que nos hacía dudar de si estábamos en una isla o en un desierto.

La duna que da a Lake Wabie

Recorriendo las dunas

El Lake Wabie fue nuestro último punto antes de volver a tierra firme. Justo cuando estábamos a punto de coger el Ferry de vuelta un dingo se nos acercó un poco perdido probablemente buscando algo de comida. Al principio todos nos metimos en el coche ya que los dingos son perros salvajes que pueden ponerse agresivos (lo equivalente a los lobos en España) pero a ver que la gente estaba por allí como si nada nos dimos cuenta de que estos animales están ya bastante acostumbrados al ser humano.

Hembra de dingo que se nos acercó al final de nuestro viaje

Y nada, esto es to, esto es to, esto es todo amigos! Más fotos en las galerías de Flickr de Brisbane, Noosa y Fraser Island.